Proyecto Arde

Introducción

La Iglesia cubana y el mundo urgen por el anuncio del evangelio, el Papa Francisco nos invita a ser Iglesia en salida (Una Iglesia que no sale es una Iglesia de exquisitos)[1]. Todo cristiano esta llamado desde el bautismo a ser parte del anuncio del Reino, también los jóvenes somos parte de esta realidad. Por esta razón queremos ser testimonio viviente de que es posible anunciar el Reino de Dios desde nuestras vivencias, dedicando un tiempo importante de nuestras vidas, como lo es la etapa universitaria y ser partícipes de este entorno que viven hoy las periferias para desde allí: evangelizar, educar y fomentar la cultura del encuentro con nuestro testimonio de vida. Con nuestra entrega y disposición a ser un hogar en medio de tantas dificultades y carencias de valores que vivimos hoy en nuestra sociedad debido a  la falta de núcleos familiares sólidos dispuestos a entregar una educación íntegra en la familia, buscamos crear en esta zona un ambiente propicio para la formación de valores morales y cristianos en la familia. Al mismo tiempo anhelamos regalar un hogar a nuestros universitarios que les propicien un encuentro personal con Cristo a través del apostolado y las vinculaciones con el lugar. Como comunidad misionera queremos forjar un hogar donde la oración, la formación, el servicio a la iglesia y al prójimo se convierta en un encuentro cercano con Jesús en la convivencia de los misioneros.

Realidad de Los Coquitos

La comunidad de Los Coquitos ubicada en la periferia sur de la Provincia de Camagüey en estos momentos es una zona que vive en el ambiente de todo pueblo marginal de una ciudad, lo que trae consigo varios rasgos que caracterizan vida social allí. Es un lugar donde la familia se ve fuertemente dañada por la pérdida de valores, la delincuencia a edad temprana, la violencia, el alcoholismo y otros males. También es esencial destacar la fuerte presencia de otras religiones y la ausencia de una capilla católica cercana. La zona tiene rasgos de carácter positivo que hacen del pueblo un lugar estratégico para la misión permanente como son: la carencia de evangelización católica en los últimos cinco años. Se encuentra a muy poca distancia la Universidad de Camagüey lo que facilitaría el trabajo con los universitarios. La población del lugar se caracteriza, por un gran número de niños, adolescentes y jóvenes.

Realidad Juvenil Cristiana

Los jóvenes de la Pastoral experimentan un despertar del protagonismo laical, vivido en proyectos anteriores que han marcado su labor. Estamos buscando dar respuesta a la iniciativa al reciente decálogo del laico cubano, que nos propone amar apasionadamente a la Iglesia y a Cuba y que estemos atentos a los signos de los tiempos  y nos comprometamos con el mejoramiento de la sociedad. Tenemos el deseo de un profundo encuentro personal con Cristo en la persona del otro y en las periferias de nuestras zonas de trabajo pastoral, a partir de la experiencia personal con Jesús, que alimenta nuestra  vida de fe en los sacramentos, en la palabra y en la oración personal y comunitaria. De este modo despertar el discernimiento vocacional del joven y cómo potenciar el acompañamiento en su vocación.

Realidad Eclesial

La Iglesia Católica en Cuba está viviendo un tiempo rico en oportunidades y perspectiva. Hace tres años publicó un nuevo Plan Pastoral 2014-2020 “Por el camino de Emaús”. En este plan pastoral se comprometió con las siguientes prioridades: el Anuncio, la Formación, la Comunidad, la Familia y el testimonio. Estas cinco prioridades quedaron enmarcadas dentro de un objetivo general: “Exhortar a cada cristiano a convertirse a Jesucristo y anunciar la alegría de su evangelio” para que el testimonio transformador de amor y esperanza de nuestras comunidades y familia llegue a todos los hombres y mujeres de nuestra patria

Nuestra respuesta: El Hogar

Cuando hablamos de hogar nos referimos a tres dimensiones que engloban los aspectos fundamentales del ser humano. La dimensión física, psicológica y espiritual. La dimensión física se refiere en primer lugar a las necesidades materiales básicas del ser humano, como vivienda, alimentación, etc. La dimensión psicológica se refiere a la experiencia de arraigo en el plano natural, que se vive a través de una vinculación a personas, lugares, y cosas. Entendemos por dimensión espiritual al hogar experimentado en lo más profundo del alma y su trascendencia. El hogar es entonces el lugar donde aprendemos a vincularnos con otros, nos formamos como personas y podemos sentirnos plenamente hijos amados de Dios. Primeramente destacamos que es un lugar físico pues, Dios se hace presente no sólo en las personas sino también en los lugares. También en los espacios están presente las cualidades de Dios: bondad, belleza y sabiduría. Cuando el lugar en el que vivimos no es digno, esto repercute en nuestra relación con Dios y los demás. Con mayor dificultad podrá conocer, por ejemplo, a un Dios personal quien tiene poco espacio para la intimidad personal y la intimidad con Dios. Es para nosotros, por lo tanto, un desafío poder hacer hogar a pesar de las condiciones materiales y de lo indigno del lugar físico. Por otro lado, el hogar es donde aprendemos a vincularnos con otros de manera especial. De hecho, el hogar es la cuna de la familia y es en ella donde tenemos nuestro primer encuentro con Dios. El hecho de contar con una familia, con personas de apoyo incondicional, nos permite poder ser en mayor medida nosotros mismos y ser aceptados y amados de esa forma. De esta manera, la familia y el hogar, pasan a ser nuestra primera escuela de vida. Según la experiencia que vivamos en ella es como nos iremos formando como personas libres y autónomas. En ella podemos aprender a conocernos, aceptarnos y, a partir de esto, forjar nuestro destino. Quizá la mayor pobreza sea el no creer en uno mismo y en lo que uno pueda llegar a hacer, y sin duda que ello tiene grandes consecuencia también en la pobreza material. Probablemente la peor consecuencia de la falta de hogar, ya que repercute en todos los ámbitos de la vida del ser humano, es el no poder encontrarnos con Dios y sentirnos sus hijos amados. Difícilmente quien no cuente con un lugar con el cual sentirse digno, ni cuente con personas que lo han amado y a las cuales amar y con las cuales crecer, podrá encontrarse de manera profunda con Dios. Debido a este diagnóstico y al análisis que hacemos de cómo Dios nos habla a través del ser, del alma y del tiempo, nace nuestra convicción de que hacer hogar es la gran misión que tenemos como Arde.

Objetivos Generales:

  • Ser iglesia joven en salida, presente en las periferias materiales y espirituales. Llevar el anuncio del evangelio y el testimonio cristiano.
  • Crear un ambiente propicio para ser hogar Teniendo gestos que nos permitan Acoger. Realizando actos concretos de jóvenes dispuestos a servir y regalar un hogar a quienes más lo necesitan. Esta es la tarea a la cual Arde quiere responder.
  • Que los misioneros tengan una vivencia y crecimiento comunitario mediante los pilares: La Oración, La Formación, La Vida Comunitaria, El Servicio.

[1] Papa Francisco

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